• Editorial

El último desfile de Rodarte que nos hizo notar la sacralidad del prêt-à-porter

Después de la exitosa campaña SS2020 de la exitosa firma de las hermanas Mulleavy, presentaron su colección Otoño Invierno en un desfile más que perfecto bajo un aura cuasi sacra.


Durante los últimos meses, Rodarte nos ha estado bombardeando con su campaña de verano llena de colores pasteles, metalizados y telas frescas bajo un ambiente muy a la francesa y reforzadas con la belleza, de las que podríamos llamar sus mujeres estandarte: January Jones, Kirsten Dunst, Margaret Qualley y Yalitza Aparicio. Sin embargo, esta noche han creado un utópico desfile inspirado, en parte, en la imágen del Drácula de Coppola y un guiño a la icónica Eiko Ishioka.

Bajo una tenue luz, el interior de la iglesia de San Bartolomé en Midtown albergó lo que se convertiría en uno de los desfiles más extravagantes de esta temporada. La encargada de abrir el desfile lleno de tocados, labios oscuros y hermosos toques góticos, fue Bella Hadid vistiendo un clásico vertido de la firma en blanco y con lunares en carmín.

La noche fue avanzando e intermitentemente salían conjuntos más vampirescos (capas, terciopelos, pieles y lentejuelas oscuras) como si del ciclo de la vida de estos personajes se tratara. Vivir de noche mientras los conjuntos que han hecho de Rodarte una de las firmas con mayor influencia, se mostraban aunque no sin aquella melancolía que tanto énfasis hizo Jarmusch.

La muestra de una femineidad que toma las riendas de su propia imagen y empodera a la dulzura como un arma propia de la mujer, pero también, como un ejemplo de la multifacética personalidad del prêt-à-porter.

Portada: Nina Westervelt

PH: Fashionnetwork / Vogue

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